miércoles, 21 de enero de 2015

Entrada alegre.

¿Te crees que por escribirlo en el título de la entrada va a acabar siendo cierto?
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Sigo sin comprender la manera en la que él cogía mi mano.
Corrientes eléctricas corrían por mis venas cada vez que me tocabas, la respiración acelerada.
Posaste un dedo en mis labios: "Sh, no" -susurraste.
Piel con piel, elevándonos hacia lo más alto.
Juro haber rozado el cielo con las yemas de los dedos.
Gemidos en los que me jurabas amor eterno.
Éramos todo sensaciones.
Éramos poesía; tú y yo.

Todo se vuelve oscuro a mi alrededor, creo que estoy sola.
Que por muy alto que ponga a The Pretty Reckless, ni los gritos de Make Me Wanna Die podrán callarte aquella noche cuando me dijiste lo bonita que iba.
Las canciones tristes siempre fueron lo mío y lo sabes;
"-¿Por qué no sonríes?"
¿De veras crees que tenía motivos?
Que yo no era nada
y me hiciste creer en un todo que luego me quitaste de las manos.
Y sólo quiero que nos coloquemos juntos,
que entre vasos de vodka me digas lo mucho que te gusta mi culo,
que nos perdamos el uno en el otro en el asiento trasero de algún coche.
Que mi querida Momsen siempre tuvo razón en que
no puedo tenerte, como tú a mí me tienes.

No sé cómo terminar esto,
cómo terminarnos,
no lo haré.      

Asesinato en el London Exprés. Cuarto y último capítulo:

“Día 21 de noviembre de 1978, se revela el asesino del homicidio de Emma Montrose.”
El tren estaba a punto de llegar a Grandview: su destino.
-Señores, pasen por favor -dijo James.
Los pasajeros se miraban los unos a los otros extrañados, aún no sabían por qué el detective Montgomery les había reunido a todos en el restaurante. Entro el último sospechoso y cerraron la puerta tras él.
-Damas y caballeros, nos hemos reunido aquí para hablar del asesinato de la señorita Montrose -empezó el maquinista.
-Como saben, murió de un disparo al pecho el primer día del viaje en su cabina a las 07:15 p.m., o eso nos hizo creer el asesino -continuó James. -Creyó que podía matarla y luego irse como si nada, pero yo, el detective James Montgomery, no lo voy a permitir. Empezaremos desde el principio. Aquí todos tenían un motivo para matar a la víctima.
-¿Pero qué barbaridad es esa? -exclamó Lauren. -¿Cómo se atreve?
-Señora, cálmese y no se haga la tonta -le dijo James. -Usted misma podría haberlo hecho; vi como Mike Bennett le entregaba unos papeles ayer mismo, se intentó deshacer de ellos, pero yo los encontré -James saca los papeles antiguos. -Son los papeles de un testamento, su marido se murió hace poco de un ataque al corazón, ¿cierto? Y usted vio el testamento, el cual no le gustó lo más mínimo, ya que su marido tan solo había dejado un par de joyas baratas de ningún valor, y no podía dejarlo pasar: contrató a Mike para que le falsificase un testamento igual en el cual dejaba la mayor parte de la herencia a usted y a los hermanos de su marido les dejaba nada más que una casa en las afueras de la ciudad. Puede que la señorita Montrose se enterara y ustedes dos la mataron para mantenerla con la boca cerrada.
-Vale, está bien, yo le falsifiqué el testamento a la señora Aldridge, pero ninguno de los dos mató a Emma -dijo Mike, era de las pocas veces que le oía hablar.
-Déjame terminar, joven -le dijo James.
Mike puso los ojos en blanco.
-Eso no es todo -prosiguió James. -Resulta que el profesor Evans mantenía una relación secreta con la víctima -Christopher se puso blanco-, y tal vez la matara porque la señorita Montrose no quería continuar -Christopher se puso aún más pálido, si es que cabe. -Pero no fue él el que la mató. Su esposa, Elizabeth, se enteró de la relación que mantenían la víctima y su esposo, y pudo matarla de celos, porque no soportaba que su marido la hubiese engañado con aquella chica joven. Pero tampoco fue ella.
La tensión de la sala cada vez era mayor.
-El primer día, poco antes de que mataran a Emma -explicó James-, me encontré un anillo con las iniciales G y S, podía ser de la violinista Grace Shepard o del conde de Saint Germain, les oí discutir sobre un dinero robado. Hace poco encontré una trampilla la cual se abría con un sello que tenía la misma forma que el anillo; es este de aquí -James cogió la mano de la violinista y les enseñó el anillo. -En la trampilla había un maletín con muchísimo dinero, propiedad de una antigua viuda a la que la familia de la señorita Shepard robó. ¿Emma se enteró y por ello Grace la mató? Podría ser, pero no es el caso -el detective Montgomery estaba consiguiendo poner a todos de los nervios cada vez que les acusaba.
El maquinista se fue a seguir el viaje por orden de James.
Mientras decía todo esto iba paseándose por toda la sala, poniéndose delante de cada uno, hasta que llegó al conde de Saint Germain.
-¿Cómo se encuentra, conde? -preguntó James con una sonrisa maliciosa. -Le veo agotado.
El conde no logró mascullar más que un par de palabras inentendibles.
-El verdadero motivo por el cual el asesino mató a Emma Montrose fue porque descubrió el secreto que hizo que mataran a su hermano Charlie, en Grandview. Hace dos años, se lo encontraron muerto en su casa, la policía lo dejó en caso sin resolver y del asesino nunca se volvió a saber -explicó James. -El hermano de la señorita Montrose descubrió un secreto el cual podía cambiar todo, una farsa la cual toda Europa se había creído: la asociación SG no era un inocente trabajo de ilusionistas y magos, era algo mucho más grande que eso. La asociación se ha estado dedicando a producir un gas el cual nos introducirá a todos en una simulación en la que recibiremos órdenes de ellos y no podremos pensar por nosotros mismos, ¡nos utilizarán como soldados de guerra para poder dominar el mundo entero! -todos los pasajeros estaban alucinando, “no podía ser cierto.” -En sus funciones, mientras se encargaban de distraernos con trucos chapuceros, abrían el gas de la simulación por toda la sala haciéndonos creer que era humo de decoración del espectáculo. Tienen una fábrica de gas y experimentos tan grande como una ciudad, ya que, precisamente, está debajo de Grandview: es como una ciudad subterránea.
-¡Usted no tiene pruebas de nada de eso! -el conde de Saint Germain estaba fuera de sí.
-Claro que las tengo -dijo James. -Encontré el arma del crimen en su cabina.
Todos se pusieron a hablar entre ellos, exclamando barbaridades.
-¡Por favor, guarden silencio! -pidió James- voy a contarles que pasó:

Emma Montrose había descubierto el secreto de la asociación SG gracias a algunos antiguos papeles de su hermano, y pensaba ir a Grandview a descubrirlo ante el pueblo; sería el fin de la asociación y el asesino de su hermano, nuestro aquí presente conde de Saint Germain, saldría a la luz. El conde se coló en la cabina de la señorita Montrose y le disparó con un silenciador a las 07:00 p.m., después se fue y disparó con una pistola sin silenciador haciéndonos creer que el disparo fue quince minutos más tarde. Ingenioso, señor conde, pero no lo suficiente.

El tren se quedó quieto; habían llegado a Grandview, sin mí. La policía esperaba fuera, iban a arrestar al conde. Yo prefería que lo ejecutaran: mató a mi hermano.
Todos los pasajeros estaban alterados, nadie podía creérselo. Un policía se acercó al conde con unas esposas:
-Conde de Saint Germain, queda usted detenido por el asesinato de Emma y Charlie Montrose.

Y allí estaba yo, en el andén de la estación de Grandview, viendo como los demás se alejaban sorprendidos por aquel acontecimiento que había hecho sus vidas una pizca más interesantes.

No diré si James Montgomery tenía razón, si todo lo que dijo fue verdad, porque aparentemente el asesino no se salió con la suya... ¿o sí?

lunes, 10 de noviembre de 2014

Asesinato en el London Exprés. Tercer capítulo:

Lo que quedaba de día y la mañana siguiente James se dedicó a interrogar a absolutamente todos los pasajeros, con los turistas le costó más. No le contó a nadie que yo iba a revelar el secreto, sólo que le contraté para asegurarme protección. A nadie le pareció extraño.

London Exprés, día 2:

James llevaba una libreta con él, allí tenía todo apuntado:

“Lauren Aldridge: poco discreta, le gusta llamar la atención. Llegó al escenario del crimen a las 07:16 p.m., cuando llegó se desmayó al ver tanta sangre. Cuando se recuperó, dijo que Emma le pareció una buena chica y que nadie tendría motivos para matarla. Voy a seguirla sin que me vea.”

James era un maestro del espionaje, estaba siguiendo a la señora Aldridge cuando vio que de la cabina número 3 salía una mano que le entregaba unos papeles un poco antiguos. Lauren se fue como si no pasase nada.

Mike Bennett: sospechoso, enigmático. Llegó al escenario del crimen el último, tiene antecedentes por falsificación de documentos, la muerte de la señorita Montrose no le afectó lo más mínimo. Él se aloja en la cabina 3, ¿fue él el que le entregó los papeles a la señora Aldridge?”

James estuvo investigando a Mike un largo tiempo, no logró descubrir nada. Iba a irse cuando se chocó con Christopher Evans.
-Oh, disculpe, no le he visto -se disculpó James.
-No se preocupe -dijo Christopher un tanto nervioso.
-¿Puedo saber a dónde se dirige?
-Oh, eh... al baño, es una urgencia. Adiós.
Christopher se fue prácticamente corriendo.

Christopher Evans: profesor, nervioso, inquieto. Llegó al escenario del crimen a las 07:15 p.m., no dijo nada, pero su cara lo decía todo: le afectó mucho la muerte de Emma Montrose. Cuando se alejaba por el pasillo tras haberse chocado conmigo, le vi llorar. Le fue infiel a su mujer.
Elizabeth Evans: mujer de Christopher, profesora de Ciencias Sociales, agradable y muy bella. Llegó al escenario del crimen a las 07:17 p.m., cuando debería haber llegado junto a su marido.
Emma Montrose se veía con Christopher Evans.”

James Montgomery se fue hacia su cabina a descansar un poco. Se paró antes de entrar al vagón cuando vio a la violinista entrar a su cabina con un maletín de trabajo. Grace se dejó la puerta entornada y James aprovechó para asomarse; lo que vio le dejó sorprendido.

Grace Shepard: violinista, arrogante, maniática. Llegó al escenario del crimen a las 07: 19 p.m., junto al conde, desde su vagón al de Emma se tardan dos minutos, no cuatro. El anillo podría ser suyo. Tiene un asunto con el conde.
Conde de Saint Germain: una pizca inestable mentalmente, ha sido visto hablando solo, un poco extraño. Llegó a la cabina de la señorita Montrose junto con la señorita Shepard, otro posible dueño del anillo, hoy le he vuelto a ver discutiendo con la violinista. Parece que cada día se encuentra peor.
El anillo tiene un pequeño relieve que no había visto antes; me ha desaparecido, lo han robado.”

London Exprés, día 3:

James Montgomery se pasó todo el día siguiendo a los sospechosos y haciendo preguntas sobre la relación que tenían los pasajeros entre ellos. Le hicieron creer que no se conocían de nada, son unos mentirosos. James no paró en todo el día: iba de un lado para otro, escribiendo notaciones en su libreta, sin dejar de observar a todo aquel que se le acercaba.

He encontrado el arma del crimen, estaba escondida en mi vagón, en el cual están las cabinas 9, 10, 11 y 12. Todo apunta hacia Elizabeth, pero no la veo capaz de matar a nadie. He vuelto a ver a Lauren Aldridge y a Mike Bennett susurrando, he logrado entender algo de unos papeles. Los he encontrado, esto explica muchas cosas. También he visto a la violinista con el anillo de las iniciales. He encontrado una trampilla secreta, no sé como se abre.”

Yo aún no me acostumbro a ser un espíritu, es todo tan extraño. No siento ni hambre ni sueño, es como estar en trance. Normalmente sigo a James para ver como trabaja, me resulta interesante. Pero he descubierto un pasatiempo que me gusta mucho más: atormentar a aquel que me asesinó. Mi pena se ha transformado en furia, mi asesino pagará por lo que hizo.

London Exprés, día 4:

James se levantó a las 06:00 a.m. después de estar casi toda la noche sin dormir: necesitaba descubrir quién me mató. Se pasó tres horas en su cabina dándole vueltas a lo que ocurrió el primer día, a mi muerte. Tenía una vaga hipótesis, pero no conseguía desarrollarla, no le encontraba sentido. Hasta que por fin, a las 09:12 a.m. se dio cuenta de todo. Salió corriendo de su cabina sin molestarse siquiera en cerrar la puerta.
-”Está claro, ¿cómo no me he podido dar cuenta antes?”- James se dirigía hacia el maquinista para pedirle que parase el tren.
Entró tan de repente que el conductor se asustó.
-Señor, tiene que parar el tren y reunir a los sospechosos; he descubierto quién fue el asesino.